Casa De Las Muñecas

La Casa de las Muñecas una de las casas más llamativas del pueblo. Destaca por su fachada llamativa y distintiva del resto de edificaciones de color azul añil. Así como sus muñecas talladas en la piedra y en la cerradura en su entrada principal. Esta consta de una gran puerta de madera de doble portada acabada en un arco de media punta de granito. También destaca su balconada de madera que sobresale en la primera planta.

 

Dice la tradición que fue mandada construir por Carlos V para el uso y disfrute de sus servidores como lupanar. Posteriormente se ha intentado eludir la función de prostíbulo que en su época cumplió. Pero la estampación de la muñeca, el color añil de la fachada, la hermosa balaustrada expositiva dentro y el mirador, ya desaparecido, sobre el dintel de la puerta de entrada son indicadores fehacientes de tal función: servir de acogida a las «Mozas De Fortunas». Aunque esta es la más famosa y la que más prestigio recibió se contemplan otras dos edificaciones que realizaron idéntica función, sin que a ciencia cierta fueran coincidentes. Una en la calle Llana (Nº3) y otra en la calle Molineros.

Estas edificaciones constaban de una gran puerta de entrada que daba a un amplio zaguán, este daba paso a la caballeriza. A media altura del patio, se encontraba la balaustrada expositora, un balcón de madera donde se exponían las mozas de fortuna. En la primera planta se encontraba el salón del burdel, aparete de una cocina con un comedor. En el resto de plantas se encontrabán las habitaciones que utilizaban las mozas.

Desde el caballo y por el mirador sobre el dintel de la puerta, observaban la exposición femenina en la balaustrada citada. De interesarles, llamaban con el pomo de la puerta y acto seguido abrirían la puerta facilitando la entrada al caballero y cabalgadura, pasando ésta a la amplia caballeriza desde el zaguán de la casa.

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Las Mozas de Fortuna se vieron obligadas en la época de los Reyes Católicos («Don Fernando» y «Doña Isabel») a llevar un distintivo de su profesión, los picos de las enaguas de color pardo. Por esta razón salió el dicho «irse de picos pardos» como expresión que representa «irse de putas». Lo mismo ocurre con el color azul añil de la fachada de estas casas que las distingue de las demás; incluso se comenta que antes, en las noche de luna, los amantes de estos placeres, en sus correrías amorosas, solían ir vestidos de este azul, el mismo color que las fachadas de las casas de lenocidio.

La dueña del edificio, casada pero sin sucesión, muere en el año 1614. Entre sus numerosos bienes, deja la casa de su morada y huerta contigua a los señores clérigos, con carga de numerosas misas durante tiempo indefinido para la salvación de su alma, que ininterrumpidamente se han estado aplicando hasta la década de 1950. Los clérigos se resistían a habitarla alegando que no es casa a propósito para vivir por su función en el pasado, por lo que, con permiso episcopal, venden la casa y una pequeña huerta en la parte trasera de la casa. Con el importe de esta venta y ayuda económica de la ermita de San Martín construyen la actual Casa Parroquial ubicada en la plaza mayor. La huerta contigua se mantuvo como propiedad de los clérigos habilitando una entrada desde la actual Casa Parroquial y cerrando el acceso desde la casa de las muñecas. Actualmente esta huerta es usada por el párroco de la iglesia que habita en la casa parroquial.

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